En un país como Chile, responsable de más del 40% de la energía sísmica liberada a nivel global, la estabilidad de los depósitos de agua y relaves son uno de los principales desafíos técnicos para la industria minera. Con más de 800 depósitos catastrados y una parte relevante aún en operación, el diseño, construcción y monitoreo de estas infraestructuras exige estándares cada vez más rigurosos.