En los últimos años hemos visto cómo sectores emblemáticos de Santiago —con valor patrimonial, económico y cultural— han ido perdiendo su calidad urbana. La informalidad, la inseguridad y el deterioro del comercio son síntomas de un abandono gradual de las instituciones. Zonas como Meiggs, Barrio Franklin, la Plaza de Armas y el centro histórico, antes polos de actividad y patrimonio, hoy se han convertido en focos de precariedad urbana. Este descenso no ocurrió de un día para otro.