
Chile no solo necesita construir más, necesita construir mejor, más rápido, con menos pérdidas, con mejor planificación y con soluciones capaces de responder a un país que cambió, pero cuya industria de la construcción todavía arrastra inercias difíciles de romper.
Hablar de innovación en la construcción ya no es una provocación intelectual, ni un lujo para grandes empresas. Es una necesidad. Una urgencia. Porque si no transformamos la forma en que construimos, lo que está en juego no es solo la productividad del sector, sino la calidad de vida de las personas y el futuro del planeta.
Durante años, en el sector construcción hemos discutido la necesidad de mejorar la productividad, elevar la calidad, incorporar innovación y reducir nuestro impacto ambiental. Hoy, esas conversaciones ya no pueden quedarse en diagnósticos. El momento de actuar llegó y la industrialización aparece como una herramienta concreta para hacerlo.
Durante tres días, Chile fue escenario de un despliegue sin precedentes en torno a la construcción industrializada. Más de 100 expertos nacionales e internacionales, junto a miles de asistentes en Santiago y 14 ciudades del país, se reunieron en el EICI 2025, confirmando que la industrialización no es una promesa, sino una realidad que está transformando nuestra manera de construir.