
Durante años hemos hablado de construcción industrializada como una respuesta necesaria para mejorar la productividad del sector. Sin embargo, muchas veces la conversación se reduce a su expresión más visible: piezas prefabricadas, módulos o componentes que llegan listos a obra. Esa mirada es correcta, pero incompleta.
Chile no solo necesita construir más, necesita construir mejor, más rápido, con menos pérdidas, con mejor planificación y con soluciones capaces de responder a un país que cambió, pero cuya industria de la construcción todavía arrastra inercias difíciles de romper.
Hablar de innovación en la construcción ya no es una provocación intelectual, ni un lujo para grandes empresas. Es una necesidad. Una urgencia. Porque si no transformamos la forma en que construimos, lo que está en juego no es solo la productividad del sector, sino la calidad de vida de las personas y el futuro del planeta.