
En los últimos años hemos visto cómo la relación de las personas con la vivienda ha dado un giro profundo. Ya no se compra para “echar raíces”, hoy más bien las decisiones están marcadas principalmente por la realidad económica, por nuevas prioridades y por una forma distinta de proyectar la vida.
Durante mucho tiempo, la segunda vivienda fue vista como un símbolo de estatus o como un espacio reservado solo para el descanso. Hoy, esa mirada ha cambiado. Este tipo de inversión se ha convertido en una decisión más consciente, ligada al bienestar, la familia, los vínculos y la proyección de futuro.
Esta vez nos vamos a ir hacia atrás un par de años. Vamos a volver a recordar la pandemia, un evento histórico que lo cambió todo. No solo la forma en que trabajamos o nos relacionamos, sino también la manera en que habitamos.