
Urban Forests as Climate Shields los considera una pieza fundamental en la construcción de ciudades resilientes y aboga por su protección.
Por Leonardo Núñez
Los árboles en las ciudades no son solo paisajismo. Según el nuevo informe Urban Forests as Climate Shields, elaborado por expertos internacionales en resiliencia urbana, los bosques urbanos deben ser tratados como infraestructura crítica, al mismo nivel que redes de transporte o sistemas de drenaje.
¿La razón? Su capacidad probada para reducir olas de calor, mitigar inundaciones, mejorar la calidad del aire, capturar carbono y promover la cohesión social en contextos urbanos cada vez más frágiles frente al cambio climático.
“El arbolado urbano es una tecnología viva que protege ciudades enteras”, afirma Michael Lake, presidente de Leading Cities y coautor del informe. “Invertimos millones en enfriar edificios o contener inundaciones, pero pasamos por alto el poder natural de los árboles para hacerlo de forma sostenible y económica”.
El informe, respaldado por el programa QBE AcceliCITY, uno de los principales aceleradores mundiales de tecnología para gobiernos, insta a gobiernos, desarrolladores y urbanistas a integrar la silvicultura urbana como parte estructural del diseño de ciudades resilientes.
La publicación presenta el concepto de los “escudos climáticos”, que entiende a los árboles como agentes activos contra el calentamiento urbano. A través de procesos como la evapotranspiración y la sombra, los árboles reducen las temperaturas ambiente, disminuyen el uso de energía en edificios y mejoran la infiltración del agua, aliviando los sistemas pluviales en temporadas de lluvias intensas.
La combinación de tecnologías emergentes, como IA, imágenes satelitales y sensores climáticos, está permitiendo mapear y priorizar zonas donde la plantación de árboles puede tener mayor impacto ambiental y social, una tendencia que startups como ClimaSens, Taro AI y FortyGuard ya están llevando a distintas ciudades del mundo.
Además, el documento destaca el papel de la agroforestería urbana, especialmente en sectores vulnerables, como una herramienta para aumentar la seguridad alimentaria, fortalecer el tejido social y promover justicia climática a nivel local.
En el caso chileno, la preocupación por los ecosistemas urbanos ha ido ganando terreno, aunque aún enfrenta desafíos normativos y de planificación.
En ciudades como Santiago, Valparaíso o Temuco, existen áreas verdes con protección especial o planes de manejo forestal urbano, como el Parque Metropolitano de Santiago, considerado uno de los parques urbanos más grandes de América Latina, con más de 700 hectáreas que actúan como un verdadero pulmón verde para la ciudad.
Asimismo, diversas iniciativas como el Plan Nacional de Restauración de Bosques Nativos 2021-2030, del Ministerio de Medio Ambiente, incluyen componentes urbanos que promueven la recuperación de corredores ecológicos y el fomento de la biodiversidad en entornos urbanos.
No obstante, expertos coinciden en que falta mayor integración intersectorial para posicionar los árboles urbanos como un eje de política pública.