
La expansión de la energía solar y eólica ha permitido que las fuentes renovables alcancen una participación histórica en la matriz energética chilena. Especialistas advierten que el crecimiento del sector exige fortalecer la transmisión, el almacenamiento y la gestión de la red para mantener la estabilidad del sistema.
Por Tomás Rodríguez Botto
Chile continúa avanzando en la transformación de su matriz energética. Durante 2025, las energías renovables aportaron el 63,3% de la generación eléctrica nacional, mientras que las energías renovables no convencionales (ERNC) representaron el 42,4% del total, de acuerdo con cifras del sector energético.
El crecimiento de tecnologías como la solar y la eólica ha permitido reducir la dependencia de fuentes fósiles y consolidar al país entre los líderes regionales en incorporación de energías limpias. Sin embargo, el aumento sostenido de estas fuentes también plantea nuevos desafíos para la operación del Sistema Eléctrico Nacional.
A diferencia de las centrales convencionales, la generación solar y eólica depende de condiciones climáticas variables, lo que obliga a contar con una red capaz de responder de manera flexible a cambios en la oferta energética.
En este contexto, expertos señalan que la estabilidad del sistema dependerá cada vez más de la capacidad de fortalecer la infraestructura de transmisión y distribución, así como de incorporar soluciones de almacenamiento que permitan gestionar las variaciones en la generación.
“La transición energética suele asociarse a nuevos parques solares o eólicos, pero existe una infraestructura menos visible que resulta igual de crítica. La calidad de los sistemas de conducción eléctrica, transmisión y distribución será determinante para que la energía renovable llegue de manera segura y eficiente a los usuarios finales”, señaló Gonzalo Ureta, gerente general de COVISA.
El desarrollo de nuevas líneas de transmisión, sistemas de almacenamiento energético y herramientas de monitoreo en tiempo real aparece como uno de los principales desafíos para acompañar el crecimiento de las energías renovables.
A ello se suma la necesidad de garantizar estándares adecuados en los componentes utilizados por la red eléctrica, considerando que una mayor participación de generación distribuida y fuentes variables exige niveles crecientes de seguridad y confiabilidad operacional.