Hace poco más de una semana se llevó a cabo la Maratón de Santiago, uno de los eventos deportivos más lindos de Chile y que congrega a toda una ciudad en torno al Running. Y, aunque el deporte y el trabajo se desarrollan en contextos distintos, comparten (y exigen) una serie de valores fundamentales que los conectan profundamente, y es que para el caso de una industria tan golpeada como la del mercado inmobiliario en estos últimos años, creo que vale la pena visitar.
El negocio inmobiliario es posiblemente uno de los más correlacionados con las tasas de interés, en parte por el apalancamiento requerido y asociado al importante valor del “activo subyacente”, que puede ser tanto para un inversionista institucional que adquiere la totalidad de un edificio multifamily, con el fin de obtener un retorno adecuado (ajustado por riesgo), o bien, para un individuo que compra un departamento para uso propio o para inversión, buscando generación de patrimonio y/o plusvalía.
Dada la coyuntura, mucho se comenta de los problemas que nos aquejan y las condiciones que debe alcanzar nuestro sector para que “vuelva a ser el mismo de antes”, pero esto es un fenómeno global. Las economías más profundas también pasan por ciclos bajistas en sus respectivos mercados inmobiliarios, sufriendo los mismos dolores: tasas altas, cambios demográficos, nuevos comportamientos a raíz de la pandemia, entre otros.