
Cuando la zona centro empezó a saturarse y la permisología empezó a generar dolores de cabeza, el negocio inmobiliario empezó a mirar hacia afuera. Primero fueron las comunas aledañas y bien conectadas por autopistas, metro o locomoción colectiva —San Miguel, Independencia, Estación Central— las que capturaron ese excedente de demanda.