
La presión demográfica sobre los territorios urbanos en Chile se intensifica a un ritmo acelerado. La expansión hacia comunas periféricas y terrenos de topografía compleja —impulsada por el auge de los proyectos multifamily y una plusvalía creciente— revela tanto grandes oportunidades de desarrollo como serios riesgos estructurales.
Con la celebración de la COP30 en Belém, el mundo pone sus ojos en la Amazonía para definir la hoja de ruta de la acción climática post-2025. Sin embargo, mientras los líderes debaten la ambición de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), hay un tema crítico y tangible que debe subir de la escala local a la global: la remediación de suelos contaminados.
En medio de la crisis que atraviesa el sector construcción, marcada por las deudas del Minvu y la incertidumbre respecto al plan de pagos del Serviu, se abre una oportunidad que hasta ahora ha sido subestimada: la recuperación de suelos contaminados como vía para habilitar terrenos urbanos y dinamizar la inversión inmobiliaria.