En la construcción los contratos no son solo instrumentos legales. Son, en la práctica, la arquitectura invisible que define cómo se relacionan mandantes, contratistas, proveedores, equipos técnicos, organismos públicos y comunidades. Cuando esa arquitectura funciona bien, los proyectos avanzan con mayor coordinación, transparencia y eficiencia. Cuando falla, aparecen retrasos, sobrecostos, controversias y una pérdida de confianza que termina afectando no solo a las partes involucradas, sino también al desarrollo del país.