
El gigante inmobiliario chino admitió números rojos por casi US$ 11.800 millones, profundizando la desconfianza de inversionistas y elevando el riesgo de contagio en los principales mercados asiáticos.
Por Leonardo Núñez
China Vanke, uno de los mayores desarrolladores inmobiliarios de Asia y durante años considerado un actor relativamente sólido dentro del sector chino, reconoció pérdidas netas por cerca de 82.000 millones de yuanes (US$ 11.800 millones) durante 2025, en un nuevo golpe para una industria que atraviesa su quinto año de crisis.
La información fue comunicada a la Bolsa de Hong Kong, donde las acciones de la compañía llegaron a caer hasta 7,4%, según reportó Reuters.
De acuerdo con el comunicado de la empresa, las pérdidas representan un aumento cercano al 66% respecto de 2024, reflejando una “reducción significativa del volumen de transacciones”, márgenes de ganancia deprimidos y una mayor exposición a riesgos operativos. Vanke no publicará sus estados financieros auditados hasta fines de marzo, aunque ya anticipó que sus resultados seguirán bajo presión.
El impacto bursátil ha sido severo. En los últimos doce meses, los títulos de Vanke acumulan un desplome de 34%, y más de 91% respecto de su máximo histórico alcanzado en 2018. Según Bloomberg, las pérdidas combinadas de los últimos dos años equivalen a más de la mitad del patrimonio que la compañía reportaba en 2023, una señal clara del rápido deterioro de su posición financiera.
El caso Vanke genera especial preocupación porque, tras el colapso de gigantes privados como Evergrande y Country Garden, la firma era vista como un “último bastión” entre las promotoras con respaldo estatal. Sin embargo, en marzo de 2024 las principales agencias de rating rebajaron su deuda a categoría de bono basura, debilitando aún más la confianza del mercado.
Jeff Zhang, analista de Morningstar, advirtió a Bloomberg que Vanke podría seguir registrando pérdidas hasta 2028, y que en ese período enfrentaría una situación de insolvencia estructural, dependiendo de manera creciente del apoyo de las autoridades chinas. Hasta ahora, la compañía ha evitado el default gracias a préstamos por unos US$ 4.200 millones otorgados por su principal accionista, Shenzhen Metro, controlado por el gobierno local.
No obstante, ese respaldo comienza a ser más incierto. A fines de 2025, las autoridades chinas endurecieron las condiciones para seguir financiando al grupo, lo que elevó los temores de un eventual impago. Aunque Vanke logró recientemente el apoyo de sus acreedores para postergar vencimientos de bonos en yuanes, analistas advierten que se trata solo de un alivio temporal, según Reuters.
El impacto trasciende a la propia compañía. Expertos citados por JPMorgan señalan que un eventual default de Vanke podría afectar la frágil confianza de los compradores en ciudades clave como Shenzhen y Pekín, donde se concentra la mayor parte de sus cerca de 700 proyectos inmobiliarios. Aunque su deuda representa solo el 0,1% del total de préstamos del sistema bancario chino, el riesgo de un cierre adicional del crédito al sector es significativo.
El trasfondo macroeconómico sigue siendo adverso. Según cálculos de Reuters con datos oficiales, las ventas de viviendas medidas por superficie cayeron 8,7% en 2025, tras retrocesos de 24,3% en 2022, 8,5% en 2023 y 12,9% en 2024. En conjunto, el mercado inmobiliario chino opera hoy a cerca de la mitad de los niveles previos a la crisis iniciada en 2021.
Para los mercados asiáticos, el reconocimiento de pérdidas de Vanke confirma que la crisis inmobiliaria china está lejos de resolverse. Aunque Beijing ha reiterado su compromiso de evitar un colapso sistémico, el caso vuelve a instalar dudas sobre hasta dónde llegará el respaldo estatal y si una reestructuración profunda —y dolorosa— será finalmente inevitable para uno de los sectores que alguna vez representó cerca de un cuarto del PIB chino.
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