La industria de la construcción ha avanzado con fuerza en digitalizar el control de obra, el abastecimiento y la planificación de proyectos. Sin embargo, la gestión financiera sigue operando, en muchos casos, con lógicas manuales que contrastan con la complejidad y el volumen de recursos que mueve el sector. En una industria intensiva en capital, este rezago no es solo operativo, es estratégico.