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La migración interna, el cambio en las prioridades de vida y nuevas inversiones han impulsado el paso desde ciudades dormitorio a polos intermedios con mayor dinamismo económico e inmobiliario. 

Por Tomás Rodríguez Botto

Durante la última década, la Región de Los Lagos ha vivido una profunda reconfiguración en su ordenamiento territorial. Comunas que históricamente operaban bajo una lógica residencial o turística están evolucionando hacia ciudades intermedias, con mayor autonomía económica, crecimiento sostenido y nuevas demandas urbanas.

El caso más representativo es Puerto Varas. La ciudad dejó atrás su rol de complemento habitacional de Puerto Montt, para consolidarse como un polo con identidad propia, capaz de atraer tanto residentes como inversión. Este cambio responde, en parte, a factores como la pandemia, la búsqueda de mejor calidad de vida y las ventajas naturales de la zona.

“Las bondades geográficas, el efecto pandemia y el buscar una vida más tranquila y segura, atrajeron a personas de distintos niveles socioeconómicos, lo que generó nuevas necesidades y la llegada de comercio, servicios y empresas que antes no existían en la zona”, explica Vivian Pinilla, socia y gerenta general de Inmobisur.

En la misma línea, Enrique Loeser Prieto, gerente comercial de Inmobiliaria Altas Cumbres, afirma que Puerto Varas ya no depende funcionalmente de Puerto Montt: “La calidad de vida y las oportunidades laborales, especialmente en áreas de alta especialización, han sido claves para atraer a nuevos residentes que hoy viven y trabajan en la misma ciudad”, señala.

Efecto derrame hacia comunas vecinas

El dinamismo de Puerto Varas ha comenzado a extenderse hacia otras comunas de la cuenca del lago Llanquihue. A medida que aumentan los precios y se consolida su desarrollo urbano, surgen nuevos focos de interés tanto para residentes como para inversionistas.

Frutillar aparece como uno de los casos más evidentes. Aunque aún mantiene características de ciudad dormitorio, expertos proyectan que podría completar su proceso de transformación en los próximos años. El arribo de nuevos habitantes, principalmente desde Santiago, ha elevado los estándares del mercado inmobiliario local.

“Está llegando un perfil de residentes e inversionistas que busca calidad de vida y está dispuesto a pagar valores por metro cuadrado, similares a comunas como Las Condes o Vitacura. Esto ha elevado el estándar constructivo, pero también ha encarecido la oferta, haciéndola más exclusiva”, advierte Pinilla.

Según datos de Inmobisur, el valor del metro cuadrado en Puerto Varas bordea las 90 UF, mientras que en Frutillar alcanza cerca de 110 UF, reflejando una creciente presión sobre los precios.

Llanquihue: La próxima apuesta

En este escenario, Llanquihue emerge como el nuevo polo en desarrollo dentro de la zona. Con precios aún más accesibles —en torno a las 66 UF por metro cuadrado—, la comuna se posiciona como una alternativa atractiva para quienes buscan cercanía con Puerto Varas y Puerto Montt, pero a menor costo.

“Es una comuna que está en una etapa incipiente de transformación, lo que representa una oportunidad estratégica para inversionistas. Probablemente se consolidará como una ciudad dormitorio en el corto plazo, pero con alto potencial de crecimiento”, sostiene Pinilla.

Desde el sector inmobiliario también destacan el impacto de las inversiones públicas en el desarrollo de la comuna. Proyectos como el mejoramiento de la costanera, el tren Llanquihue–Puerto Montt y la futura Ruta Interlagos están fortaleciendo su conectividad y proyección urbana.

Frutillar

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