
Durante años se instaló la idea de que el marketing era “la parte bonita”, gráficas, campañas, un buen slogan y presencia digital. Como si bastara con tener piezas atractivas para que todo fluyera. Pero hoy, en cualquier empresa que quiere crecer de verdad en el rubro inmobiliario, esa mirada quedó totalmente superada.
Con más de 18 años en la industria inmobiliaria he podido ver de cerca cómo ha evolucionado. Pasamos de depender del aviso en el diario o el llamado telefónico a un escenario completamente digital, donde la mayoría de las decisiones de compra se toman mucho antes de que el cliente pise una sala de ventas. El cambio fue profundo y no tiene vuelta atrás.