La transición hacia el hidrógeno verde se ha instalado en el debate público como una promesa de desarrollo sostenible, diversificación productiva y liderazgo climático para Chile. Sin embargo, bajo este escenario surge una pregunta ineludible y aún insuficientemente discutida: ¿quién paga realmente este cambio?.
La transición energética global no es solo una aspiración ambiental, sino una necesidad urgente frente al cambio climático. En este contexto, Chile se posiciona como un actor estratégico gracias a su riqueza en minerales críticos como el litio y el cobre, esenciales para tecnologías limpias como baterías, paneles solares y turbinas eólicas.