La decisión de extender el Plan de Emergencia Habitacional hasta 2029 es, al mismo tiempo, comprensible e inquietante. Comprensible, porque la crisis habitacional que enfrenta Chile está lejos de resolverse. Inquietante, porque obliga a preguntarnos si estamos usando la emergencia como un punto de partida hacia una política estructural o si, por el contrario, estamos normalizando un régimen excepcional como forma permanente de gobernar la vivienda.