Las recientes inundaciones en las regiones de Atacama y Coquimbo sorprendieron a un territorio acostumbrado a convivir con la escasez de agua. Las intensas precipitaciones desbordaron ríos, destruyeron caminos, aislaron localidades y afectaron a miles de personas. Paradójicamente, la emergencia no fue consecuencia de la falta de agua, sino de su exceso.