
Por: Pabla Ortúzar, vicepresidenta del Consejo de Construcción Industrializada (CCI) y socia de Archiplan.
Una de las frases más escuchadas —y sentidas— en regiones es “Santiago no es Chile”. Más allá de su tono coloquial, esta afirmación encierra una verdad estructural que en el sector construcción, comienza a abordarse con la seriedad que merece. Y es que si queremos avanzar hacia una construcción más productiva, sostenible y moderna, debemos hacerlo de la mano del territorio: con sus capacidades, talentos, desafíos y oportunidades.
Dicho lo anterior, es importante entender que la industrialización ya no puede seguir siendo vista como una innovación acotada al centro del país. La transformación real exige una descentralización efectiva, en la que las regiones no solo sean receptoras de soluciones, sino protagonistas de su diseño, desarrollo y ejecución.
Esto no es solo deseable, es urgente. Las brechas de productividad, los desafíos climáticos, la escasez de mano de obra calificada y las exigencias sociales son distintas en Arica que en Coyhaique, y requieren soluciones diferenciadas, adaptables y escalables. La industrialización ofrece respuestas potentes: eficiencia, calidad, menor generación de residuos y mayor seguridad, pero para que sus beneficios sean transversales, es clave que las capacidades se desarrollen en todo el territorio.
En este sentido, la conformación de clústeres regionales de construcción industrializada representa un paso estratégico. Estos grupos territoriales articulan empresas, instituciones y profesionales que comparten una visión común y, trabajan colaborativamente para impulsar el desarrollo local desde una lógica de red. Ya sea en Coquimbo o Temuco, lo que se está gestando es una estructura viva, con gobernanza local, innovación aplicada y una mirada profunda de los contextos regionales.
Esta iniciativa del CCI es un reflejo del país que queremos construir: más justo, más inteligente y más conectado. Donde los saberes locales no son anecdóticos, sino parte esencial de la solución. Y donde la colaboración entre academia, industria y sector público se vuelve la base para una nueva forma de construir.
Descentralizar la industrialización no es simplemente mover el conocimiento desde Santiago hacia las regiones. Hoy podemos ver que se han instalado nuevas plantas en las regiones, lo que nos permite ver que existe ya el conocimiento, masa crítica y liderazgo para avanzar. Y que si avanzan las regiones, avanza Chile.