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22 abril, 2026 /

Construir distinto para que Chile avance

Por: Pabla Ortúzar, presidenta del Consejo de Construcción Industrializada (CCI) y socia de Archiplan.

Chile no solo necesita construir más, necesita construir mejor, más rápido, con menos pérdidas, con mejor planificación y con soluciones capaces de responder a un país que cambió, pero cuya industria de la construcción todavía arrastra inercias difíciles de romper.

Durante años hemos normalizado sobrecostos, atrasos, fragmentación y baja productividad como si fueran parte inevitable del sector. No lo son, son más bien, señales de un modelo que necesita evolucionar y, en ese cambio, la construcción industrializada dejó de ser una promesa interesante para transformarse en una herramienta concreta.

No se trata solo de prefabricar ni de montar piezas en menos tiempo, sino que de cambiar la lógica completa con que pensamos y ejecutamos los proyectos. Integrar diseño, ingeniería, producción y montaje desde etapas tempranas; coordinar mejor; anticipar problemas; reducir la improvisación; entender que productividad y calidad no compiten entre sí, que deben avanzar juntas. La construcción industrializada es una metodología, y lo anterior es necesario para que ella sea exitosa y nos dé certezas.

Ese desafío se vuelve todavía más evidente fuera de la Región Metropolitana. En muchas zonas del país, las distancias, los costos logísticos, la escasez de materiales y la presión sobre la mano de obra hacen cada proyecto más complejo y más caro. Seguir construyendo del mismo modo, en ese contexto, no es realismo: es resistencia al cambio.

La buena noticia es que en Chile ya existen capacidades, experiencias y conocimiento para hacer las cosas de otra manera. Hay soluciones habitacionales industrializadas, proyectos modulares, innovación en madera y trabajo colaborativo entre empresas, profesionales y academia. Entonces, más que la falta de ejemplos, el problema es que todavía no damos el salto para convertir esas experiencias en una nueva escala de desarrollo.

Y ese salto no depende solo del mercado, requiere visión país, políticas públicas que acompañen, marcos normativos que faciliten la innovación, mejores sistemas de contratación y una formación técnica y profesional conectada con lo que la industria necesita hoy, no con la que existía hace 20 años.

La construcción industrializada importa porque puede ayudar a enfrentar urgencias muy concretas: déficit habitacional, baja productividad, rezago tecnológico y brechas territoriales. Pero también, importa por algo más profundo, dado que obliga al sector a dejar atrás una cultura de fragmentación y avanzar hacia una de colaboración.

Chile no puede aspirar a crecer mejor si sigue construyendo con las mismas lógicas que lo frenan. Modernizar la construcción no es un lujo técnico, es una condición para el desarrollo.

Si queremos un país más productivo, más sostenible y más equilibrado en sus territorios, también tenemos que atrevernos a construir distinto, porque esta nueva forma de construir se traducirá en soluciones que cambian vidas, comunidades y ciudades.

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