
Por: Jaime Silva, Gerente General de Cfl Inmobiliaria
Hace tiempo que el diagnóstico es claro, la permisología se ha transformado en uno de los principales frenos para la industria inmobiliaria. Y aunque en el último periodo se han anunciado avances y nuevas herramientas, en la práctica seguimos enfrentando el mismo problema.
Hoy los tiempos no calzan con la realidad del negocio. Proyectos que deberían activarse en pocos meses, terminan estancandose por años, desarmando completamente cualquier tipo planificación y el problema no está solo en los tiempos sino también en la falta de certezas que afecta directamente a toda la cadena. No hay claridad en los plazos, no hay criterios uniformes y, lo más complejo, no hay responsabilidades directas cuando no se cumplen, muchas veces es crear y proponer algo a ciegas.
Esto impacta directamente en la viabilidad de los proyectos. Aumentan los costos de construcción, se tensionan las metas de ventas y lo más crítico, se deteriora la confianza de inversionistas, bancos y clientes. Y en este último pongo énfasis, ya que el cliente final no distingue dónde está el problema; el atraso lo asocia directamente a la inmobiliaria, afectando la reputación de las marcas y la relación con el mercado en general.
Un caso emblemático de la permisología es el IMIV, cuya aprobación es clave para avanzar, pero hoy además de la espera nos exponemos a rechazos porque presenta criterios y timings distintos en cada región sin estar siempre la información clara, aumentando la incertidumbre desde etapas tempranas de un proyecto.
Se han impulsado medidas que apuntan en la dirección correcta, pero el problema sigue siendo el mismo: la ejecución. Sin control, sin trazabilidad y sin responsables claros, los avances terminan quedándose en el papel.
Hoy, los municipios y servicios públicos siguen siendo el principal punto crítico. Cada organismo opera con sus propios tiempos y criterios, generando un sistema fragmentado y poco predecible, que no permite reactivar la industria. Es urgente automatizar los procesos, definir plazos exigibles y permitir una tramitación en paralelo de todo lo necesario para activar un proyecto. No es un tema técnico, es un tema de gestión. Y no deben seguir siendo promesas sino certezas.
Mientras esto no cambie, la permisología seguirá encareciendo la vivienda, frenando la inversión y afectando directamente a quienes necesitan certezas, las personas.