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El acuerdo llega en medio de la profunda crisis que atraviesa el mercado inmobiliario del gigante asiático y que mantiene en alerta a inversionistas y autoridades.

Por Leonardo Núñez

La inmobiliaria china Vanke logró evitar un escenario de bancarrota tras alcanzar un acuerdo de última hora con sus acreedores para extender el período de gracia de un bono por US$241 millones, un alivio temporal en medio de la prolongada crisis que golpea al sector inmobiliario del país.

La información fue revelada por Bloomberg, a partir de documentos revisados por la agencia.

Según el acuerdo, los tenedores de bonos aceptaron ampliar hasta el 28 de enero de 2026 el plazo de gracia que originalmente vencía el 15 de diciembre. Sin embargo, la propuesta de aplazar por 12 meses el pago del principal no prosperó, al no alcanzar el respaldo mínimo exigido: solo el 20,2% de los acreedores votó a favor, lejos del 90% requerido.

En paralelo, Vanke enfrenta otro vencimiento relevante: un pagaré por US$447 millones que expira el 28 de diciembre. La compañía intenta convencer a los inversionistas de aceptar un retraso en ese pago, ya que de no lograrlo podría verse obligada a iniciar un proceso formal de reestructuración o enfrentar un impago técnico.

Las dificultades financieras de Vanke reflejan el deterioro estructural del mercado inmobiliario chino, marcado por la caída de las ventas de viviendas, el exceso de oferta y la desconfianza de los compradores tras el colapso de varios desarrolladores desde 2021. La desaceleración económica y las restricciones al crédito han reducido drásticamente el flujo de caja de las promotoras.

Durante años considerada un referente de solidez financiera, Vanke hoy enfrenta tensiones de liquidez, rebajas en sus calificaciones crediticias y un fuerte castigo en el mercado de bonos, que cotizan con amplios descuentos. Estos factores han encarecido su acceso a financiamiento y profundizado la presión sobre su balance.

En este contexto, S&P Global Ratings rebajó la calificación crediticia de Vanke a “SD” (impago selectivo), al considerar que la extensión del período de gracia equivale a una reestructuración de deuda en dificultades. La agencia advirtió que la empresa probablemente no contaba con la liquidez suficiente para cumplir íntegramente con sus obligaciones sin la prórroga.

El Estado chino ha incrementado la supervisión sobre la compañía, a través de Shenzhen Metro, su principal accionista y entidad vinculada al gobierno local, que ha entregado apoyo financiero acotado y reforzado el control de la gestión. No obstante, las autoridades han evitado, hasta ahora, un rescate directo de gran escala.

Los problemas de Vanke evocan los colapsos de gigantes como Evergrande y Country Garden, que marcaron el inicio de la crisis inmobiliaria china. El sector, que durante años fue uno de los principales motores del crecimiento del país, sigue siendo un lastre para la economía, afectando inversión, empleo y consumo.

Con activos cercanos a los US$160.000 millones y más de 125.000 empleados, una eventual quiebra de Vanke tendría un impacto sistémico significativo. Por ahora, la prórroga de deuda ofrece un respiro, pero el futuro de la inmobiliaria dependerá de su capacidad para renegociar pasivos, estabilizar ventas y recuperar la confianza del mercado en un entorno aún adverso.

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