
Una vivienda eficiente es aquella que permite reducir el consumo de energía, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y la demanda de recursos no renovables.
Por: Tomás Rodríguez Botto
El sector eléctrico juega un rol importante para poder combatir la crisis climática. Por esto la eficiencia energética viene a ser una alternativa de ahorro, que consiste en aprovechar al máximo lo que realmente se usa con el fin de evitar caer en un gasto innecesario, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, que es una de las grandes amenazas de cara al cambio climático.
Según lo anterior, hoy los lineamientos al momento de construir una vivienda o remodelarla, es incorporar materiales aislantes térmicos en paredes, techos, ventanas y puertas. Además del uso de fuentes de energías renovables que se pueden implementar en un hogar, como lo es la energía eólica, geotérmica y fotovoltaica.
Asimismo se recomienda tener sistemas de almacenamiento de electricidad, ya que permite adaptar la producción de energía renovable y poder garantizar su integración en el sistema. Los sistemas de almacenamiento se dividen en a gran escala, en redes y en activos de generación y almacenamientos a nivel de usuario final. En todos estos casos se utilizan baterías, superconductores y volantes de inercia.
Durante el reciente ciclo estacional, Chile ha enfrentado una inusual coexistencia de eventos climáticos extremos: lluvias intensas en pleno periodo estival, inundaciones y aludes en zonas precordilleranas, olas de calor persistentes, récords de temperatura e incendios forestales de gran magnitud en otras regiones del país.
La crisis climática ha dejado de ser un fenómeno lejano. Hoy se manifiesta con fuerza en nuestra vida cotidiana: en la calidad del aire que respiramos, en olas de frío que tensionan nuestros servicios sanitarios y en lluvias intensas que, en pocas horas, afectan a millones de personas en nuestro país.
El verano, con sus altas temperaturas, nos obliga a replantear cómo cuidamos nuestra salud y el entorno. Las olas de calor extremo, cada vez más frecuentes debido al cambio climático, impactan no sólo nuestra calidad de vida, sino que también, nuestra manera de entender y gestionar esta estación del año.