
La reciente publicación del reportaje “Una bomba de tiempo para la construcción” revela un fenómeno que el sector venía percibiendo, pero que hasta hace poco, no se había explicitado con la crudeza necesaria: la fuerza laboral de la construcción está envejeciendo aceleradamente, mientras los jóvenes se alejan del rubro.
En un mundo donde más del 80% de la población vive en zonas urbanas, la forma en que planificamos nuestras ciudades se ha vuelto crítica. Ya no basta con diseñar espacios funcionales o resolver flujos vehiculares. Hoy, más que nunca, debemos preguntarnos: ¿estamos construyendo y gestionando ciudades para el bien del ser humano?.
La transformación de la industria de la construcción no puede depender solo de avances tecnológicos, nuevas normativas o políticas públicas ambiciosas. Para que ese cambio sea real, sostenible y profundo, necesitamos un eje articulador que garantice visión de largo plazo, pensamiento crítico y generación de conocimiento. Ese eje es la academia.