
Por: Erwin Navarrete, gerente de Construye2025.
El déficit habitacional que enfrenta Chile es solo la cara visible de una crisis más profunda: la política de vivienda de interés social no está a la altura de lo que se requiere para las familias y la industria. El próximo Gobierno enfrentará un desafío enorme: reconstruir un sistema que sea accesible, sostenible y confiable. No basta con más subsidios o con metas numéricas. Se necesita una transformación estructural que integre suelo, financiamiento, industrialización, productividad y gobernanza.
El modelo actual está tensionado por altos costos de producción, trabas normativas, baja productividad y un acceso cada vez más restringido al crédito. Las familias —especialmente los jóvenes y sectores medios— enfrentan no solo la falta de ahorro, sino también una desconexión entre la oferta disponible y sus reales posibilidades de adquisición.
Desde la construcción, proponemos una mirada integral. Reactivar la demanda requiere actuar sobre el financiamiento, con garantías estatales, arriendo con opción de compra y créditos más accesibles. Pero también urge intervenir en la oferta: reducir la incertidumbre, agilizar permisos, disponer de suelo bien localizado y, sobre todo, apostar por la industrialización.
Hoy, la capacidad instalada de industrialización en Chile permitiría construir 300 mil viviendas en cuatro años trabajando al 80% de su potencial. Eso es factible, si se fortalece la construcción industrializada. Desde Construye2025 hemos promovido este camino por una década, ayudando a crear el Consejo de Construcción Industrializada (CCI), que reúne a los actores clave del ecosistema. Ya son muchos los que han experimentado los beneficios de este modelo: más velocidad, menor incertidumbre, mejor calidad.
No abordar este desafío sería hipotecar el futuro. Dejaríamos a una generación sin acceso a la vivienda propia, profundizando la desigualdad, incentivando la informalidad urbana y debilitando la cohesión social. La industria de la construcción, motor clave de empleo y crecimiento, necesita visión y compromiso político para desplegar todo su potencial.
La vivienda no puede seguir dependiendo del ciclo político. Es hora de verla como lo que realmente es: una prioridad nacional y un pilar del desarrollo económico y social de Chile.