
La reducción progresiva de la jornada laboral en Chile, que llevará la semana de trabajo desde 45 a 40 horas, está generando un impacto económico y operativo silencioso en las comunidades residenciales, un efecto que aún no se discute con suficiente profundidad.
En un mundo donde la seguridad es una necesidad prioritaria, los condominios deben adaptarse a nuevos desafíos. No basta con instalar cámaras o contratar vigilancia; la sensación de seguridad de los residentes es clave para la calidad de vida en comunidad.