En la mayoría de las inmobiliarias las decisiones comerciales aún se toman por percepción: “Ese proyecto se está moviendo bien”; “esta campaña trajo harto tráfico”; “los vendedores están con buen ritmo”, son frases de lugares comunes. Pero hoy, en un mercado competitivo y con márgenes cada vez más estrechos, operar desde la intuición no solo es ineficiente, es riesgoso.