
El incremento del diésel y las bencinas no solo golpea a transportistas: expertos advierten efectos en cadena sobre la construcción, la inflación y el valor de la UF, con impacto directo en el costo de las viviendas.
Por Leonardo Núñez
El reciente anuncia del aumento en los precios de los combustibles —con alzas proyectadas de hasta $580 en el diésel y $370 en las bencinas— comenzó a generar un efecto dominó en la economía, particularmente en sectores intensivos en energía como la construcción, donde los costos operativos dependen directamente del uso de maquinaria y transporte de materiales.
Más allá del impacto inmediato en automovilistas, el ajuste en el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) y el cambio en el cálculo del precio de paridad de importación abren una nueva fase en que estos mayores costos comienzan a trasladarse a toda la cadena productiva, afectando fletes, obras y servicios industriales.
En este escenario, la construcción aparece como uno de los sectores más expuestos. El uso intensivo de diésel en excavadoras, grúas, camiones tolva y transporte de insumos encarece directamente las faenas, elevando los costos de producción y presionando la rentabilidad de las empresas, muchas de las cuales no logran traspasar completamente estos aumentos al precio final.
Cristóbal Bascuñán, presidente de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) de Magallanes, advirtió que “el petróleo es uno de los componentes muy importantes en el desarrollo de nuestras obras”. Agregó que “cuando sube el petróleo, sube todo: el flete, los equipos y la ejecución de materiales”, reflejando el impacto estructural que tiene el combustible en el sector.
El efecto se intensifica en regiones extremas, donde la logística es más compleja y costosa. En zonas como Magallanes, el traslado de personal, la mantención de campamentos y la distancia de los centros de abastecimiento hacen que cualquier variación en el precio del combustible tenga un impacto aún mayor en los presupuestos de obra.
A nivel macroeconómico, el impacto también se traslada a la inflación. El economista Hermann González, coordinador macroeconómico de Clapes UC, advirtió en Ex–Ante que este tipo de shock “termina transmitiéndose al resto de la economía a través de distintas cadenas de costos”, anticipando presiones inflacionarias en los meses siguientes.
Este escenario tiene una consecuencia directa sobre la UF, indicador clave para el mercado inmobiliario. Según estimaciones del mercado, el alza de combustibles podría empujar la inflación mensual por sobre el 1%, elevando la UF en cerca de $600 y encareciendo dividendos hipotecarios, arriendos y contratos indexados.
En terreno, el impacto ya es evidente para pequeños actores del ecto. Felipe Núñez, contratista independiente especializado en ampliaciones, relató a “El Diario Inmobiliario” que el aumento de la bencina afecta directamente su operación diaria:
“Si antes gastábamos 120 mil pesos a la semana en el transporte de materiales, ahora vamos a tener que gastar 200 mil pesos”, explicando que este costo adicional termina trasladándose a los clientes mediante recargos en los proyectos.
Además del alza en los costos directos, el encarecimiento del transporte genera tensiones en la cadena de suministro, provocando retrasos en la entrega de materiales y mayores tiempos de ejecución de obras, lo que puede derivar en sobrecostos adicionales y reprogramaciones.