
Tras el impacto de la pandemia, el centro de la capital comienza a mostrar señales concretas de recuperación, impulsado por iniciativas públicas de largo plazo y nuevos proyectos de inversión privada.
Por Tomás Rodríguez Botto
Los centros históricos de América Latina enfrentan hoy el desafío de redefinir su rol urbano, incorporando nuevos usos que reactiven la actividad económica y fortalezcan su vínculo con la comunidad. En ese escenario, ciudades como Lima, Bogotá, Buenos Aires y Santiago, avanzan con distintas estrategias para reactivar sus áreas centrales.
En el caso de Santiago Centro, comienzan a observarse señales concretas de recuperación tras los efectos de la pandemia. Este proceso está asociado principalmente a proyectos estructurantes, tanto públicos como privados, que apuntan a una transformación gradual del sector.
Uno de los principales impulsores de este proceso es Nueva Alameda, iniciativa liderada por el Gobierno de Santiago. Su planificación se inició en 2015 y las obras comenzaron en 2024. El proyecto contempla la mejora del espacio público, la construcción de una ciclovía metropolitana y la recuperación de fachadas, con el objetivo de revitalizar el principal corredor urbano del país y mejorar la percepción del entorno.
A la inversión pública se suma el desarrollo de proyectos privados de uso mixto, entre los que destacan NIDO y el nuevo edificio de la Bolsa de Santiago, ambos impulsados por el grupo Territoria. Estas iniciativas incorporan programas vinculados a tecnología, ciencia, comercio, cowork y gastronomía, ampliando la oferta de servicios y actividades en el centro de la ciudad.
“Estas iniciativas responden a un modelo de uso mixto que integra hubs tecnológicos y científicos, comercio, cowork y gastronomía, replicando un enfoque ya probado en proyectos urbanos consolidados y reflejan una apuesta clara por la reactivación del centro de la ciudad”, señaló Javiera Basso, Head of Advisory and Valuation de JLL Chile.
Desde JLL señalan que la recuperación de los centros históricos, ha sido un proceso gradual que requiere visión de largo plazo y coordinación entre actores públicos y privados. En ese contexto, Santiago Centro avanza en línea con las tendencias más consolidadas de la región, por lo que se espera que estas iniciativas comiencen a reflejarse en los indicadores del mercado de oficinas en el mediano plazo.
En los últimos años hemos visto cómo la relación de las personas con la vivienda ha dado un giro profundo. Ya no se compra para “echar raíces”, hoy más bien las decisiones están marcadas principalmente por la realidad económica, por nuevas prioridades y por una forma distinta de proyectar la vida.
Hablar de patrimonio antes de los 35 años no es adelantarse innecesariamente a las preocupaciones de la vida adulta; es comenzar a construir con tiempo las bases de la libertad financiera. El tiempo es el activo más subestimado al invertir y el más poderoso.
Para quienes buscan invertir en 2026, la pregunta no es si comprar, sino dónde hacerlo. El mercado inmobiliario de Santiago está en un momento fascinante en el que, mientras algunos sectores consolidan su valor, otros emergen con una fuerza que no se veía hace décadas.
Durante mucho tiempo, la segunda vivienda fue vista como un símbolo de estatus o como un espacio reservado solo para el descanso. Hoy, esa mirada ha cambiado. Este tipo de inversión se ha convertido en una decisión más consciente, ligada al bienestar, la familia, los vínculos y la proyección de futuro.
Durante la pandemia hubo un protagonista en materia de inversión: los terrenos, los cuales cobraron especial relevancia durante este período, cuando muchas personas comenzaron a buscar espacios propios alejados de las restricciones y con espacios amplios para construir lejos de la capital.