En el camino de construir comunidades que logren abarcar las múltiples dimensiones que influyen en el bienestar común, existe una que es bastante fundamental y no se toma en consideración como se debería: la seguridad. En un país como Chile, marcado por su condición sísmica y por eventos climáticos cada vez más extremos, la seguridad no puede seguir considerándose un gasto prescindible.