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23 enero, 2026 /

El costo de no estar bien asegurados: Una fragilidad que comparten miles de comunidades

Por: Felipe Ibarra, Sub-Gerente de Seguros de ComunidadFeliz.

En el camino de construir comunidades que logren abarcar las múltiples dimensiones que influyen en el bienestar común, existe una que es bastante fundamental y no se toma en consideración como se debería: la seguridad. En un país como Chile, marcado por su condición sísmica y por eventos climáticos cada vez más extremos, la seguridad no puede seguir considerándose un gasto prescindible.

A todo esto se le suma el aumento sostenido en los costos de construcción, materiales y mano de obra, lo que ha elevado significativamente el valor de reposición de los edificios. Sin embargo, muchas pólizas no se han actualizado en años, quedando desalineadas con la realidad actual y exponiendo a las comunidades a graves riesgos patrimoniales.

La experiencia habla por sí sola. Tras ser testigo del proceso de más de 900 comunidades en la elección de su seguro, he constatado una realidad preocupante: muchas están infraseguradas. Esto significa que el valor real de reconstrucción del edificio es mayor al monto asegurado; el seguro resulta más barato, pero la protección es incompleta y, ante un siniestro, la cobertura no alcanza para reparar los daños. El impacto recae directamente en familias que creen estar protegidas solo por cumplir con el pago mensual del seguro.

El valor de reposición de un edificio corresponde, en promedio, a un 70 % de espacios comunes y a un 30 % de unidades. Por eso, aunque el seguro del departamento esté bien contratado, es insuficiente si el seguro comunitario no lo está. El patrimonio de todos los copropietarios queda en riesgo.

Desde una mirada inmobiliaria, un edificio infrasegurado es un proyecto vulnerable, expuesto a largos procesos de reconstrucción, conflictos internos y deterioro en la calidad de vida. Administradores, comités y copropietarios comparten la responsabilidad de comprender esta realidad y actuar con diligencia.

Revisar y actualizar el seguro de una comunidad no debería depender de la ocurrencia de una catástrofe ni de una exigencia externa. Es una decisión que habla de cómo cuidamos los espacios que habitamos y, sobre todo, a quiénes viven en ellos. Proteger adecuadamente un edificio es proteger la estabilidad, la seguridad y el futuro de cientos de familias que comparten un mismo lugar.

En ese sentido, avanzar hacia comunidades bien informadas y correctamente aseguradas, es una tarea colectiva y clave para construir entornos más justos, resilientes y verdaderamente habitables.

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