
Desde el Acuerdo de París en 2015, las Cumbres Climáticas (COP) han creado una arquitectura climática global con normas, mercados de carbono y un fondo de pérdidas y daños, ante desastres climáticos extremos, pero su efectividad real sigue siendo limitada para asegurar la meta de limitar el calentamiento global a 1,5°C.
Con la celebración de la COP30 en Belém, el mundo pone sus ojos en la Amazonía para definir la hoja de ruta de la acción climática post-2025. Sin embargo, mientras los líderes debaten la ambición de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), hay un tema crítico y tangible que debe subir de la escala local a la global: la remediación de suelos contaminados.