
Por: Marcos Brito, director ejecutivo del Instituto de la Construcción.
Durante años hemos diagnosticado la baja productividad de la construcción. Sin embargo, el desafío no está solo en reconocer el problema, sino en cambiar la forma en que diseñamos, contratamos, ejecutamos y medimos nuestras obras.
A diferencia de otras industrias, la construcción ha operado históricamente como una suma de prototipos únicos. Cada proyecto enfrenta condiciones propias de terreno, clima, permisos, equipos y mano de obra. Pero esa singularidad no puede seguir siendo una excusa para mantener una lógica fragmentada, donde el diseño, la ingeniería y la ejecución avanzan por carriles separados, así como las incompatibilidades, terminan resolviéndose tarde cuando ya están en obra, con pérdida de tiempo, valor y presupuesto.
Mejorar la productividad exige transitar desde una cultura artesanal y reactiva hacia una industria más colaborativa, planificada e industrializada. Esto implica revisar esquemas contractuales que muchas veces promueven la desconfianza y la transferencia de riesgos; reducir incertidumbres asociadas a permisos y tramitaciones; y cerrar brechas de competencias para incorporar nuevas tecnologías, BIM, Métodos Modernos de Construcción e industrialización desde etapas tempranas.
Pero hay un punto especialmente crítico: no podemos mejorar lo que no medimos. La productividad ya no puede evaluarse solo por costo y plazo. Un proyecto moderno debe incorporar indicadores de productividad laboral, de desviaciones respecto de la planificación, de generación de residuos, de resiliencia y de industrialización, entre otros. Medir no debe entenderse como una herramienta de castigo, sino como la base de información necesaria para la mejora continua de los procesos productivos en obra.
La experiencia de los Premios BuildUP del Consejo de Construcción Industrializada (CCI). mostró que en Chile existen empresas y proyectos que ya están avanzando. Hay innovación en regiones, soluciones modulares, uso de madera, vivienda social industrializada y obras que integran diseño, manufactura y datos para obtener mejores resultados. También dejó una lección importante: muchas organizaciones hacen cosas valiosas, pero todavía no siempre miden o registran sus resultados de manera sistemática, comparable y trazable.
El desafío ahora es masificar herramientas estandarizadas y de fácil implementación, coordinar la captura de datos y avanzar hacia indicadores compartidos que permitan aprender entre proyectos y empresas. La productividad y la sustentabilidad ya no son conceptos aspiracionales: son objetivos viables, medibles y necesarios. Visualizar el resultado de estas mediciones a tiempo es clave para la toma de decisiones para la mejora de los procesos.
La transformación de la construcción ocurrirá incorporando tecnología, herramientas y metodologías de medición y ajuste, para así poder implementar los cambios necesarios para trabajar mejor y lograr mejores resultados. El momento de salir de la zona de confort es ahora.