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26 noviembre, 2025 /

Vivienda y seguridad dentro de una misma agenda

Por: Felipe García Bunster, Regional Head of South Latam at Accumin I Architect I MBA | Real Estate & Banking Strategy | Business Growth & Innovation.

Por estos días de elecciones, la conversación pública ha girado bastante en torno a la seguridad, o más bien a la inseguridad, con un foco comprensible en aumentar la dotación policial y entregar mejores herramientas para su labor. Ese foco es necesario, pero insuficiente. La delincuencia no es un fenómeno desconectado del territorio donde ocurre. La evidencia es cada vez más clara, la inseguridad también es un problema urbano.

Existe una relación directa entre deterioro físico, vacíos urbanos, tomas irregulares, abandono del espacio público y el aumento de delitos. No es casual que los barrios más afectados por la inseguridad sean aquellos con menor inversión estatal, infraestructura deteriorada y una persistente ausencia de equipamientos comunitarios.

Recuperar plazas, reabrir centros comunitarios, mejorar luminarias y habilitar espacios deportivos es apenas el punto de partida. El verdadero desafío está en intervenir los vacíos urbanos y los sitios eriazos, que hoy funcionan como focos de inseguridad, ocupaciones ilegales y actividades delictuales. Lo paradójico es que muchos de estos terrenos pertenecen al propio Estado.

Si queremos resultados, el Estado debe activar sus instrumentos para transformarlos en proyectos habitacionales, áreas verdes y equipamientos que devuelvan vida al barrio. Reducir el déficit habitacional y reducir la inseguridad son, en buena medida, la misma tarea que se traduce en lograr disminuir espacios sin control y devolver actividad y presencia institucional donde hoy predomina el abandono.

Por eso, vivienda y seguridad no son agendas separadas. La verdadera política de seguridad comienza en el barrio y para recuperar nuestras ciudades, no solo se necesitan más policías, también necesitamos mejores barrios, más inversión pública y una estrategia decidida para volver a habitar, cuidar y proteger los territorios.

Este vínculo entre territorio, igualdad y seguridad es aún más evidente cuando miramos la ciudad como instrumento de equidad. Durante décadas Chile ha discutido la igualdad en términos de salarios, educación y salud. Son factores esenciales, pero la ciudad, el entorno cotidiano en el que vivimos, nos movemos y accedemos a servicios, es un igualador mucho más inmediato y visible.

La ciudad puede acentuar o reducir esas brechas. Barrios bien conectados con áreas verdes, equipamientos públicos, buena iluminación y densificación equilibrada, generan oportunidades y calidad de vida, independientemente del ingreso de cada familia. En cambio, barrios segregados, desconectados y abandonados profundizan desigualdad, vulnerabilidad e inseguridad.

Si Chile quiere avanzar hacia una sociedad más justa, debe asumir que la ciudad es un instrumento de igualdad tan poderoso como cualquier reforma económica o social. Regenerar barrios, densificar inteligentemente, acercar servicios y garantizar acceso universal al transporte público no son solo políticas urbanas, son políticas de justicia territorial. Son políticas de seguridad.

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