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25 julio, 2025 /

La ciudad también es de los jóvenes

Por: Beatriz Mella, Directora Centro CIUDHAD, Universidad Andrés Bello.

Muchas veces hemos escuchado que “los jóvenes son el futuro” – incluso cuando nosotros éramos jóvenes. Sin embargo, cuando se trata de pensar y transformar nuestras ciudades, pareciera que ese futuro aún no tiene un lugar en el presente. ¿Cómo traducimos toda esa energía y capacidad en cambios reales para nuestras ciudades?.

En Chile, casi el 60% de los jóvenes entre 15 y 29 años participa en alguna organización comunitaria, social o cultural. Y según la última encuesta de habilidades digitales, un 80% declara sentirse altamente competente en el uso de tecnologías, incluyendo herramientas de diseño, comunicación, coordinación y creación de contenido. Tenemos, entonces, dos grandes fuerzas: la colaboración y la tecnología. Las generaciones adultas estamos al debe en saber abrir los espacios para que ambas se conecten con los desafíos urbanos reales.

Este desafío implica cambiar la manera en que pensamos la participación. Los tiempos burocráticos, los formularios incomprensibles, las audiencias públicas a las 11 de la mañana en días hábiles, no están hechos para ellos. Si queremos que participen, tenemos que hablar su lenguaje, usar sus plataformas, integrar sus modos de expresión. Y luego, ofrecer herramientas que les permitan transformar su motivación en propuestas concretas.

Ya hay organizaciones que han avanzado en esa dirección. Iniciativas como Escala Común, Ciudad Emergente, Espacio Lúdico o Ciudad de Bolsillo han entendido que la transformación urbana no se impone desde arriba, sino que se co-produce con quienes habitan la ciudad. Varios de sus proyectos han sido diseñados junto a adolescentes y jóvenes, permitiendo que sus ideas impacten directamente en el diseño de plazas, ciclovías, mobiliario urbano o políticas de movilidad.

El mundo universitario también tiene un papel clave. No sólo en las carreras que intervienen directamente en el entorno construido –como arquitectura, ingeniería o planificación urbana–, sino en todas. Pensar la ciudad como un proyecto colectivo implica enseñar habilidades de participación, de trabajo en red, de incidencia y creación de comunidad. La transformación urbana no puede ser un privilegio de especialistas: debe ser una posibilidad abierta para cualquiera que quiera habitar mejor.

Si queremos ciudades más justas, creativas y sostenibles, necesitamos dejar de mirar a los jóvenes como promesas a futuro y empezar a tratarlos como protagonistas del presente. No les falta interés ni capacidad. Lo que falta es que sepamos, desde nuestras instituciones y profesiones, abrir la puerta, soltar el micrófono y compartir el diseño urbano, porque la ciudad tiene que ser diseñada por, para y con todas las edades.

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