
Un análisis de Corporación Ciudades revela que estas comunas registran importantes pérdidas de cobertura vegetal, una alta exposición a olas de calor y rezagos en infraestructura para reciclaje, profundizando las brechas ambientales en la capital.
Por Tomás Rodríguez Botto
La desigualdad territorial en el Gran Santiago no solo se refleja en el acceso a vivienda, transporte o servicios urbanos. También tiene una expresión cada vez más evidente en materia ambiental. Así lo revela un análisis desarrollado por Corporación Ciudades, que cruzó información sobre cobertura vegetal, olas de calor y gestión de residuos para identificar las principales brechas existentes en la capital.
Uno de los resultados más preocupantes apunta a que la vegetación urbana pasó de representar un 44% de la superficie de la ciudad en 2000 a un 38% en 2025, luego de caer a un mínimo de 30% en 2015. Sin embargo, 18 de las 35 comunas del área metropolitana registraron retrocesos en el período analizado. Entre los casos más críticos destacan Pudahuel, cuya cobertura vegetal cayó de 40% a 20%; Quilicura de 39% a 20%, y; San Bernardo de 50% a 32%.
La pérdida de vegetación adquiere especial relevancia en un contexto marcado por el aumento de las temperaturas extremas. El arbolado urbano cumple una función clave para reducir el calor, generar sombra y mitigar el efecto de las islas de calor que afectan a las ciudades.
En esa línea, el estudio advierte que la mitad de los habitantes del Gran Santiago vive en zonas especialmente impactadas por las olas de calor. Además, 13 comunas tienen más del 70% de sus barrios sobre el promedio de altas temperaturas, entre ellas Quilicura, Renca, Cerro Navia, Pudahuel y San Bernardo.
Las diferencias territoriales también quedan en evidencia en materia de reciclaje. Aunque la capital recicla actualmente el 11,3% de sus residuos sólidos no peligrosos y aumentó la disponibilidad de puntos limpios entre 2022 y 2024, un total de 27 comunas continúa por debajo del promedio nacional en infraestructura destinada al reciclaje.
“Cuando hablamos de crisis climática solemos pensar en algo lejano o en grandes desastres naturales, pero para muchas personas ya se vive todos los días, en veredas sin sombra, viviendas más expuestas al calor o barrios con menos infraestructura ambiental. La acción climática también es una discusión sobre equidad urbana”, señala Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades.
Pese a los desafíos, el informe también identifica avances relevantes en materia ambiental. Uno de ellos es la expansión de la electromovilidad, que durante 2026 permitió al sistema Red superar los 4.000 buses eléctricos operando en Santiago, mientras cerca de 400 unidades ya circulan en distintas regiones del país.
Los beneficios de esta transformación no solo se reflejan en una menor emisión de contaminantes. También han contribuido a reducir significativamente los niveles de ruido urbano. De acuerdo con los antecedentes recopilados, la incorporación masiva de buses eléctricos ha permitido disminuciones de hasta un 64% en los niveles de ruido del eje Alameda y de hasta un 54% en Santa Rosa.
A ello se suman los esfuerzos para enfrentar la contaminación atmosférica en zonas altamente afectadas por material particulado fino. Actualmente existen más de una decena de planes de descontaminación y prevención, junto con iniciativas como el recambio de calefactores, el programa Leña Más Seca y las restricciones vehiculares implementadas en la Región Metropolitana.
Los resultados también coinciden con los datos del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) 2025, que muestra cómo las comunas con mayores rezagos ambientales suelen presentar menores indicadores de bienestar y salud urbana.
Entre las comunas con desempeño bajo en la dimensión de salud y medioambiente aparecen Cerro Navia, Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda, La Pintana, El Bosque y San Ramón. En el nivel medio bajo figuran Pudahuel, Quilicura, San Bernardo, Renca y Puente Alto, mientras que Estación Central, Independencia, Maipú y Recoleta alcanzan una evaluación medio alta.
La dimensión considera variables asociadas a contaminación por material particulado fino (PM2,5), gestión de residuos, cobertura sanitaria y condiciones de salud urbana.