
Por. José Manuel Bellalta, Gerente General Grupo GB CINCO
Los recientes sistemas frontales entre Atacama y Los Lagos no solo provocaron inundaciones y daños en infraestructura, sino que activaron un riesgo ambiental silencioso: la movilización de contaminantes en suelos históricamente impactados. Las lluvias intensas y la escorrentía transportan metales pesados, hidrocarburos y pesticidas hacia ríos, acuíferos y terrenos agrícolas, escalando una contaminación local a un problema territorial.
Entre los puntos críticos destacan los depósitos de relaves en Coquimbo, el cordón industrial Quintero-Puchuncaví, antiguos sitios mineros en Atacama, terrenos industriales de la cuenca del Mapocho, complejos portuarios en Biobío y zonas agrícolas del Maule y O’Higgins afectadas por el lavado de agroquímicos.
Para pasar de una gestión reactiva a una preventiva, es indispensable realizar inspecciones post-temporales, monitorear la calidad de suelos y aguas, y evaluar la estabilidad de relaves y rellenos sanitarios, integrando criterios de resiliencia climática.
En materia de soluciones, la solidificación y estabilización de suelos inmovilizan metales e hidrocarburos, reduciendo su lixiviación, complementándose con la biorremediación y fitorremediación. A esto se suma el uso de tecnologías de monitoreo y observación de la Tierra. Mediante imágenes satelitales (multiespectrales y térmicas), drones, cámaras térmicas y sensores de humedad o temperatura superficial (LST), es posible analizar índices espectrales de vegetación (NDVI, NDWI, NDRE) y prever cursos de agua potencialmente erosivos, anticipando la formación de cárcavas antes de que generen pérdida de suelo fértil.
Ventajas del monitoreo geoespacial y sensores: detección temprana, que identifica estrés hídrico, plagas y procesos erosivos antes de que sean visibles a simple vista; optimización del agua, que permite un riego más eficiente basado en mapas de humedad y respuesta vegetacional; reducción de costos, que minimiza los costos de mantenimiento y de levantamiento de datos en terreno mediante un seguimiento continuo.
Además, se trae consigo la protección del suelo, que mantiene superficies vegetacionales uniformes y seguras frente al desgaste hídrico; y las decisiones objetivas, dado que facilita la toma de decisiones respaldadas en datos cuantitativos y multitemporales.
Estas herramientas demuestran cómo la observación geoespacial contribuye a la prevención de riesgos, al uso eficiente de los recursos y a una mejor gestión ambiental frente a eventos climáticos extremos.