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6 agosto, 2026 /

Industrializar para construir con mayor resiliencia, y planificar para que dure

Por: Pabla Ortúzar, presidenta del Consejo de Construcción Industrializada. 

Los temporales que han afectado el sur y el norte de Chile en las últimas semanas nos invitan a hacer una pausa y reflexionar con honestidad, sobre cómo estamos construyendo nuestras ciudades y cómo podemos hacerlo mejor. No desde la crítica fácil, sino desde la convicción de que tenemos las herramientas, el conocimiento y la voluntad, para avanzar en la dirección correcta.

La pregunta de fondo no es nueva, pero cada evento climático la vuelve más urgente, porque necesitamos entender ¿cómo construimos viviendas e infraestructura que respondan bien frente a un clima que está cambiando? Y esa pregunta tiene dos dimensiones que necesitamos abordar juntas: cómo construimos; además de dónde y cómo planificamos lo que construimos.

En materia de planificación Chile tiene una oportunidad real de dar un salto. Tenemos profesionales preparados, instituciones con voluntad de mejorar e instrumentos de ordenamiento territorial que pueden actualizarse para incorporar con mayor profundidad la variable del riesgo climático. Ese conocimiento tiene que estar más presente en las mesas donde se toman las decisiones urbanas, y hay una apertura creciente para que así sea.

Las autoridades, por su parte, están enfrentando desafíos enormes con recursos limitados y presiones inmediatas. Y precisamente por eso, la colaboración entre el sector público, la industria y la academia es tan valiosa: permite sumar capacidades, compartir evidencia y construir soluciones que ningún actor podría desarrollar solo.

En ese mismo espíritu, la construcción industrializada tiene mucho que ofrecer. No como solución única, sino como una metodología que eleva el estándar de lo que construimos. En una construcción industrializada bien ejecutada, muchas de las decisiones críticas se resuelven en ambientes controlados, con trazabilidad y verificación. Eso se traduce en viviendas que responden mejor frente a la lluvia intensa, el viento, la humedad. No porque sean indestructibles, sino porque están mejor construidas desde el origen.

Además, cuando ocurre una emergencia, la industrialización puede contribuir a acelerar la respuesta: facilitar reposiciones, reducir tiempos de reconstrucción, mejorar la calidad de las soluciones de reposición habitacional. Esa capacidad de respuesta rápida y de calidad es un activo que vale la pena desarrollar en tiempos normales, para tenerlo disponible cuando más se necesita.

Lo que estos temporales nos recuerdan, más que cualquier otra cosa, es que construir bien es una responsabilidad compartida. Y que esa responsabilidad se ejerce mejor cuando trabajamos de manera articulada, con visión de largo plazo y con la convicción de que mejorar es posible.

Chile tiene todo lo necesario para construir ciudades más resilientes. Tenemos el talento, la industria, la institucionalidad y la experiencia acumulada. El camino es seguir avanzando juntos, con más planificación, más calidad y más industrialización. No como respuesta a la emergencia, sino como la forma normal de hacer las cosas.

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