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2 agosto, 2026 /

Infraestructura resiliente frente a las lluvias extremas

Por: Michel Kure, ingeniero civil y presidente del Comité Manual de Recomendaciones de Diseño y Construcción de Edificaciones, en Laderas de Dunas y Maicillos – Instituto de la Construcción. 

Los recientes socavones, cortes de rutas y afectaciones provocadas por el sistema frontal que impactó a distintas zonas del país nos recuerdan una lección fundamental: la seguridad urbana no depende solo de lo que construimos sobre la superficie, sino también de cómo entendemos el suelo, cómo conducimos el agua y cómo mantenemos la infraestructura que no siempre está a la vista.

Sin atribuir causas específicas a emergencias que deben ser analizadas caso a caso, estos eventos muestran la necesidad de avanzar desde una lógica reactiva hacia una cultura preventiva. Esto es especialmente relevante en obras emplazadas en laderas de dunas, maicillos y otros suelos susceptibles a erosión, infiltración o arrastre de material.

En 2025, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, lanzó el Manual de Recomendaciones de Diseño y Construcción de Edificaciones en Laderas de Dunas y Maicillos, desarrollado técnicamente por un comité de especialistas en el Instituto de la Construcción. Su aporte es claro: sistematizar aprendizajes y buenas prácticas para intervenir terrenos complejos con mayor seguridad.

Uno de sus mensajes centrales es que en este tipo de suelos, las precipitaciones no son solo un problema hidráulico. También pueden convertirse en un problema geotécnico, constructivo y urbano. El aumento de humedad, la reducción de resistencia del suelo, la erosión superficial, la formación de cárcavas, la socavación de fundaciones o tuberías, las filtraciones y la obstrucción de colectores son riesgos que deben considerarse desde el diseño.

Por ello, la gestión de las aguas lluvias debe abordarse de manera integral. No basta con dimensionar un colector. Es necesario considerar la captación, conducción, evacuación, disipación y control de infiltraciones; respetar los drenajes naturales; evitar descargas descontroladas hacia sectores bajos, y; prever el comportamiento del sistema cuando las precipitaciones superen la capacidad de diseño.

El desafío no es detener el desarrollo urbano, sino construir mejor. La resiliencia no comienza después del temporal; comienza antes, en el estudio de suelo, en el diseño coordinado, en la obra bien ejecutada, en la inspección rigurosa y en la mantención preventiva.

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