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7 septiembre, 2025 /

El derecho de los jóvenes a su primera vivienda

Por: Beatriz Mella, Directora Centro CIUDHAD, Universidad Andrés Bello.

En Chile todos sabemos los números; el déficit habitacional alcanza las 650 mil viviendas y, de ese total, 460 mil corresponden a jóvenes menores de 40 años que viven en situación de déficit, muchos de ellos allegados. Para una familia joven, el camino hacia la casa propia se ha vuelto una carrera imposible, ya que se calcula que necesitarían ahorrar durante 11,4 años para juntar el pie de una vivienda promedio, porque sus sueldos alcanzan sólo para el 80% de lo que exigen los bancos para otorgar un crédito hipotecario.

En concreto, se ha perdido el sueño de la primera vivienda y conocida es ya la paradoja del sobrestock: mientras más de 100 mil viviendas nuevas permanecen vacías, cientos de miles de familias siguen esperando una solución habitacional. Se trata de una desconexión estructural entre la oferta que existe y la capacidad real de compra de quienes la necesitan.

Hoy esa brecha golpea con especial fuerza a la generación joven, ya que la banca ha endurecido las condiciones y la renta mínima exigida para un crédito subió 50% en apenas dos años.

En este escenario, lo que se requiere son medidas realistas y concretas que derriben la principal barrera de entrada, el pie. Disminuir el costo de entrada de una vivienda de clase media, en torno a las 4.000 o 4.500 UF, constituye una ayuda tangible que permitiría a miles de jóvenes profesionales —muchos de ellos primera generación en sus familias— destinar parte de su ingreso a construir patrimonio y futuro.

Lo llamativo es que, entre los programas presidenciales conocidos, Evelyn Matthei es la única que ha puesto sobre la mesa un mecanismo concreto en esta línea. Ni el documento de Jeannette Jara ni el de José Antonio Kast mencionan medidas específicas para los jóvenes frente a la vivienda, lo que confirma una ausencia preocupante en dos candidaturas que lideran en las encuestas pero que en sus propuestas prefieren hablar en términos generales.

El contraste no es menor, ya que Matthei demuestra un manejo más acabado del problema a nivel técnico, con una propuesta fiscalizable y focalizada en el segmento que más lo necesita.

La pregunta de fondo es ¿qué país queremos construir?: Una sociedad que se resigna a que sus jóvenes vivan arrendando de por vida es una sociedad que renuncia a uno de los aspectos que nos ha definido como sociedad, o en cambio; una sociedad que abre la puerta a la primera vivienda ofrece certezas y devuelve esperanza de soñar con un hogar propio para una generación entera.

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