
Por: Mario Anfruns Bustos, Arquitecto.
Durante décadas Aysén fue vista como una región lejana, difícil de conectar y con enormes barreras para el desarrollo, pero eso acaba de cambiar. Quienes entiendan lo que está ocurriendo hoy, probablemente estarán entrando temprano al próximo gran ciclo inmobiliario y territorial de Chile.
Me refiero a que el anuncio del Gobierno sobre invertir más de 800 mil millones de pesos en la pavimentación de la Carretera Austral, no es solamente una obra pública, es una señal potente de hacia dónde se moverá el desarrollo del país en los próximos años.
A esto se suma la próxima inauguración del nuevo aeropuerto de Balmaceda, infraestructura que quintuplicará su capacidad y permitirá operaciones internacionales. En otras palabras, Aysén dejará de ser un territorio aislado para transformarse en un destino conectado con el mundo.
La historia inmobiliaria demuestra algo muy claro: las grandes oportunidades nacen antes de que llegue el desarrollo masivo. Quienes invierten cuando aparecen las grandes obras de conectividad suelen capturar el mayor crecimiento en plusvalía y proyección futura.
Pero, además, está ocurriendo otro fenómeno silencioso y muy relevante, y es que cada día más personas están decidiendo venir a vivir a Coyhaique y a la Región de Aysén. Familias, profesionales, emprendedores e inversionistas, están buscando algo que en muchas ciudades ya comenzó a perderse y es la tan anhelada calidad de vida.
Mientras gran parte del país enfrenta saturación urbana, inseguridad, congestión y estrés, Aysén aparece como una alternativa real para vivir mejor. Y eso inevitablemente comienza a impactar el mercado inmobiliario, la demanda por terrenos, parcelas, viviendas y proyectos de baja densidad.
Es un hecho que el mercado privado ya comenzó a leer esta señal. Las recientes inversiones y aperturas de empresas como Cencosud, Falabella y marcas internacionales outdoor como Helly Hansen, reflejan que las grandes compañías ya están viendo el potencial económico y comercial de la Patagonia chilena. Estas inversiones no llegan por casualidad, sino que responden a una proyección concreta de crecimiento, aumento del turismo, expansión urbana y llegada de nuevos habitantes.
Hoy Aysén reúne condiciones que pocas regiones poseen simultáneamente: miles de hectáreas aún disponibles; paisajes únicos a nivel mundial; baja intervención humana; crecimiento del turismo internacional; mayor llegada de nuevos habitantes; nuevas inversiones privadas y comerciales; interés creciente por conservación y vida outdoor; incentivos tributarios de zona extrema; y una infraestructura pública que finalmente comienza a destrabar el territorio.
Por eso cada vez más inversionistas están mirando el sur austral no solo como un lugar para vacacionar, sino más bien, como una reserva estratégica de valor y desarrollo futuro. En definitiva las tierras con agua, conectividad, naturaleza y calidad de vida, serán cada vez más escasas en el mundo.