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27 marzo, 2026 /

Petróleo, dólar e inflación: ¿Es tan grave como parece el efecto dominó?

Por: Cristián Armas Morel, Real Estate Developer.

El precio del petróleo considerado por el Banco Central en sus proyecciones para 2026, se situaba en torno a los 80 dólares por barril, mientras que el nivel actual de 100 dólares implica un shock externo que afecta de manera significativa, a la balanza de pagos y a la inflación en Chile.

Pasa que 20 dólares por barril aumentan en más de 2.000 millones de dólares anuales el costo energético, deteriorando la cuenta corriente, pese a que en 2025 se veía una leve recuperación con un superávit de 1,3 mil millones de dólares en el cuarto trimestre. Aún así, ahora enfrentamos el riesgo de volver a déficit cercano al 2% del PIB.

Sin embargo, este deterioro externo se ve parcialmente compensado por el cobre, cuyo precio actual se mantiene por encima de la proyección del BC de 3,70 dólares por libra, establecida en el IPoM (12/25).

Ahora, en términos inflacionarios, el impacto directo por el alza decretada hoy en combustibles se estima en 0,5% adicionales sobre el IPC, mientras que la depreciación del peso frente al dólar desde enero, agrega cerca de un 0,3% más. Con ello, la inflación anual se proyecta hacia niveles de 4,5% por encima de la meta de 3%.

Entonces, la transmisión de estos efectos a bienes y servicios básicos, intensifica las presiones de segunda ronda y obliga al Banco Central a mantener tasas de interés elevadas, por lo que el mercado ya refleja esta tensión en el alza de 0,3% del BCU 10, anticipando un escenario de mayor costo de financiamiento.

Dicho todo lo anterior, el aumento del petróleo y la apreciación del dólar generan un deterioro simultáneo de la balanza de pagos y un aumento de la inflación, lo que se traduce en mayores tasas de interés.

Empero, no todo está perdido, el Gobierno cuenta con márgenes de acción: el plan de reducción del déficit mediante el recorte de 3% de los gastos, la modificación del Mepco que suaviza la transmisión de los precios de los combustibles y el aumento de la recaudación por impuestos a la minería, permitirían amortiguar parcialmente los efectos adversos.

En definitiva ¿es tan grave como parece?: no lo es, siempre y cuando el plan del actual Gobierno se lleve adelante y no aparezca un terremoto que, como suele ocurrir en Chile, llega siempre en el peor momento.

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