
Por: Eduardo Ricci Burgos, abogado de Negocios COHLERS + Partners
El renting y leasing inmobiliario son dos conceptos que suelen llevar a confusión por sus características muy similares, pero no iguales.
El renting inmobiliario es una modalidad de financiación y/o arrendamiento de un inmueble, donde el cliente tendrá un inmueble por un plazo breve de tiempo y el propietario transfiere el uso de la propiedad, pero las obligaciones le siguen correspondiendo (impuestos, administración, reparaciones, etc.).
En los contratos basados en renting, de forma generalizada, el arrendatario no tendrá la posibilidad de adquirir el inmueble, solo renovar el arriendo o realizar un nuevo contrato por otro inmueble.
Es más, el renting, en principio, no garantiza ni asegura que luego de mucho tiempo en que se pague el arriendo (incluso 30 años), el arrendatario se encuentre en condiciones de asumir el pago del porcentaje faltante (normalmente superior al 40 y hasta el 50%) del precio del inmueble para poder adquirirlo como dueño.
Por lo mismo, una de las grandes ventajas del renting en general, es que es una fórmula que permite un importante ahorro financiero y la flexibilidad de sus contratos, pues si las necesidades del negocio cambian, permite hacer ajustes en función de nuevos requerimientos sin quedar obligado a comprar el inmueble.
La otra modalidad que permite disfrutar de un bien inmueble es el leasing inmobiliario. Figura bastante más conocida por todos, por lo que no trataré de explicarla, sino solo señalar que al finalizar el contrato de leasing inmobiliario (arriendo con opción de compra), el arrendatario puede comprar el bien ejerciendo su opción sobre el “precio residual”, siempre y cuando ya se hayan abonado todas las cuotas previas. En caso contrario, el bien deberá ser devuelto.
El leasing inmobiliario aporta varias ventajas que lo hacen un producto ideal tanto para empresas como para particulares, pues es posible financiar hasta el 100% del precio del inmueble, el precio se fija al principio del contrato por lo que no queda sujeto a variaciones de este, y las cuotas a abonar son consideradas como gasto tributario y por tanto son deducibles.
En suma, ambas fórmulas son ideales para poder acceder a inmuebles de mayor precio y calidades que, de otra forma, sería muy complejo llegar a ellos. El pago de cómodas cuotas es una fórmula mucho más asequible y ventajosa para los intereses y necesidades de empresas y particulares, siendo un buen modo de financiar inmuebles y, en algún caso, poder adquirirlos.
En el sector inmobiliario, estas alternativas cobran un papel esencial, por lo que asesorarse adecuadamente por una empresa de renting y leasing inmobiliario puede ser la solución para ahorrar dinero y disfrutar de dichos inmuebles.