• Síguenos:
22 julio, 2026 /

El mapa de los apellidos y la aritmética de la segregación

Por: Carlos Balart, Fundador de Miaminmobiliario.com y Cross-border CRE Advisor.

En Santiago se puede adivinar mucho de una persona con solo escuchar su apellido. Todos lo sabemos aunque nadie lo dice. Lo nuevo es que ahora está medido por dos investigadores chilenos: Naim Bro, de la Universidad Adolfo Ibáñez, y Marcelo Mendoza, de la Universidad Católica

Los expertos tomaron el padrón electoral y estudiaron los apellidos de 4,6 millones de santiaguinos, para determinar cuáles conviven en una misma persona. Es decir, quién se casó con quién a lo largo de generaciones. No preguntaron nada, así como no encuestaron a nadie. Dejaron que los apellidos contaran la historia sola.

Y la historia es incómoda. Santiago no es una ciudad, sino que son nueve comunidades que casi no se tocan, donde la más cerrada de todas está arriba. Los apellidos del barrio alto se casan entre sí, viven en el mismo cuadrante y llevan generaciones haciéndolo. Los autores lo escriben con frialdad científica: la clase alta tradicional se comporta, en sus patrones de relación, como una minoría étnica.

Empero, hay un detalle que casi nadie comentó y que me parece el corazón del estudio. Uno esperaría que el barrio alto fuera el más homogéneo, sin embargo, es exactamente al revés al ser la zona con apellidos más distintos en toda la capital. La uniformidad está en la periferia, donde los mismos apellidos se repiten calle tras calle, porque nadie llega y nadie sale. Mezclarse resulta un privilegio.

La segunda tentación es creer que esto es un vicio chileno y tampoco. En Estados Unidos un estudio siguió los teléfonos de nueve millones de personas y encontró que cuanto más grande es la ciudad, menos se cruzan sus habitantes. La gran ciudad promete mezcla y produce lo contrario.

Entonces ¿dónde se paga esa muralla?: no donde uno cree. Arrendar un departamento de 70 metros cuesta (al menos) unos $916 mil en Las Condes y unos $490 mil en La Pintana. El doble y no diez veces, porque barrera de verdad está en otra parte. El Grange, el colegio donde esos apellidos se conocen —y años después se casan—, cuesta sobre un millón de pesos al mes por cada hijo, en un país donde la mitad de los trabajadores gana $680 mil o menos, según acaba de informar el INE.

Es precisamente en la educación donde está la verdadera aritmética exacta de la segregación, puesto que la vivienda se arrienda pero la red no.

Miami tiene su propia versión del mismo muro. Ransom Everglades, el colegio de su élite, cuesta unos cinco mil dólares al mes por cada hijo: más de dos sueldos mínimos de Florida. El colegio público es gratuito. Lo que se paga no es mejor álgebra — es la lista de compañeros de curso. En Santiago y en Miami, la ciudad se segrega en la puerta del colegio antes que en la puerta del edificio.

Los comentarios están cerrados.

También puede interesarte


En Inmofest 1º Vivienda puedes cumplir el sueño de la casa propia