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3 julio, 2026 /

Desafíos del mercado inmobiliario ante el envejecimiento de la población

Por: Manuel Ignacio Martí, Gerente de Franquicias en Property Partners.

Según datos del INE, en 1992 el 6,6% de la población chilena tenía 65 años o más. En 2024, esa cifra alcanzó el 14%, mientras que el último Censo registró cerca de 3,7 millones de personas mayores de 60 años. La tendencia seguirá profundizándose durante las próximas décadas, convirtiendo a este segmento en uno de los grupos con mayor crecimiento dentro de la población.

Aunque el envejecimiento de la población suele analizarse desde la perspectiva del gasto público, los sistemas de pensiones o la salud, el fenómeno también está transformando otras áreas de la economía que aún no han reaccionado con la rapidez necesaria. Una de ellas es el mercado inmobiliario, donde se hace cada vez más evidente la necesidad de desarrollar un verdadero ecosistema de viviendas para adultos mayores que respondan a una realidad demográfica que ya está instalada.

Muchas de estas personas, propietarias o arrendatarias de viviendas, están experimentando la obsolescencia funcional en sus propiedades, pero no encuentran alternativas residenciales que resuelvan sus necesidades. La mayor parte de la oferta inmobiliaria se concentra en dos grandes polos: el hogar familiar amplio para la etapa de crianza y el departamento compacto destinado a profesionales jóvenes o inversionistas. Así, la población de adultos mayores se encuentra en una suerte de “limbo habitacional”.

Pero la alternativa del mercado actual no los satisface: los departamentos tradicionales no consideran sus necesidades de accesibilidad a largo plazo, y el concepto de “residencia de adulto mayor”, sigue fuertemente asociado a la asistencia médica o a la pérdida de autonomía.

La reconversión no es solo un desafío arquitectónico de domótica o de eliminación de barreras físicas, es un cambio de paradigma en los servicios integrados. Hoy la gran mayoría de los adultos mayores son personas autovalentes que exigen autonomía y que planifican su futuro a mediano y largo plazo. No buscan un inmueble donde “retirarse”, sino una alternativa que combine seguridad, servicios, cercanía a sus redes familiares y, sobre todo, la preservación de su patrimonio.

Así, el diseño de estas viviendas debe migrar hacia un modelo de accesibilidad universal, tal como en los países desarrollados, donde este tipo de oferta incluye, además, espacios como un Club House modular con aislamiento acústico, quinchos y huertos comunitarios, en entornos con acceso a farmacias, parques y centros de salud.

Para las constructoras y desarrolladores, el diseño de proyectos pensados desde su origen para esta población no es un nicho alternativo, es el vector de crecimiento más predecible de los próximos veinte años. Quienes logren leer este pulso de la calle y entiendan que el valor actual se define por la simplificación de la vida diaria, capturarán un mercado de alto valor. Seguir ignorando la madurez demográfica de nuestro mercado no solo es una miopía social, sino una tremenda pérdida de oportunidad empresarial.

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