
El envejecimiento de la población y la migración hacia las grandes ciudades están dejando barrios completos vacíos en distintas regiones del país. El fenómeno, que comenzó en zonas rurales, hoy genera preocupación económica, urbana y financiera.
Por Tomás Rodríguez Botto
Japón atraviesa una transformación demográfica que comienza a reflejarse con fuerza en su mercado inmobiliario. El envejecimiento acelerado de la población, la baja natalidad y el éxodo hacia las grandes ciudades han provocado un aumento sostenido de viviendas abandonadas en distintas regiones del país, configurando un fenómeno que ya preocupa a autoridades, municipios, bancos y desarrolladores inmobiliarios.
Actualmente, Japón registra cerca de nueve millones de viviendas vacías —conocidas localmente como “akiya”—, cifra que representa alrededor del 14% del parque habitacional nacional, según datos del Ministerio del Interior japonés. Aunque el problema surgió inicialmente en zonas rurales, hoy se ha convertido en un desafío estructural para una de las economías más importantes del mundo.
El crecimiento del stock de viviendas abandonadas también comenzó a generar consecuencias urbanas y de seguridad. Techos deteriorados, vegetación descontrolada, estructuras en riesgo de derrumbe e incendios forman parte de un problema que afecta la calidad de vida de los vecindarios y presiona a la baja el valor de las propiedades cercanas.
Frente a este escenario, varios municipios japoneses han debido destinar mayores recursos para supervisar y gestionar estas construcciones abandonadas. En algunos casos, las autoridades locales incluso están subsidiando demoliciones para evitar mayores riesgos.
Al mismo tiempo, comenzó a evidenciarse una creciente brecha dentro del propio mercado inmobiliario japonés. Mientras los departamentos ubicados en zonas centrales de Tokio continúan aumentando de valor debido a la alta demanda y limitada oferta, gran parte del Japón regional enfrenta el escenario opuesto: exceso de oferta habitacional y una demanda cada vez más debilitada.
Ante el avance del fenómeno, algunos gobiernos locales implementaron estrategias para intentar reactivar estas propiedades. Una de las más conocidas son los llamados “bancos de akiya”, plataformas públicas donde las viviendas abandonadas se ofrecen a precios extremadamente bajos.
En ciertos casos, las propiedades pueden adquirirse por apenas algunos miles de euros e incluso existen municipios que entregan viviendas prácticamente sin costo, bajo la condición de que los nuevos propietarios las remodelen y establezcan residencia en ellas. La situación también es seguida de cerca por el sistema financiero japonés. La caída o estancamiento en el valor de las propiedades rurales genera crecientes dudas respecto al valor futuro de las garantías inmobiliarias en regiones con pérdida sostenida de población.
Mientras tanto, las empresas inmobiliarias continúan concentrando sus inversiones en proyectos urbanos y procesos de reurbanización en las zonas de mayor demanda, especialmente en Tokio, ciudad que todavía logra sostener crecimiento gracias a la migración interna hacia la capital.