
Por: Felipe Ibarra, Gerente de Corredora de Seguros de ComunidadFeliz.
Hace pocas semanas, dos terremotos consecutivos remecieron el centro-norte de Venezuela, dejando miles de personas fallecidas y comunidades enteras con sus edificios dañados o destruidos. En paralelo, un fuerte sismo azotó Colombia hace sólo unos días.
En Chile vivimos un escenario distinto en su origen, pero similar en su fondo: un temporal de lluvias que inundó estacionamientos, cortó accesos por socavones y dejó a miles de personas aisladas. Dos fenómenos diferentes, pero una misma pregunta para quienes vivimos en comunidad: ¿qué pasa con nuestro edificio cuando ocurre lo que nunca pensamos que nos tocaría?
En el tiempo que llevo asesorando comunidades en materia de seguros, he visto repetirse una situación: la conversación sobre el seguro colectivo suele activarse después de la emergencia, cuando debería ocurrir mucho antes. Mientras todo funciona, el seguro parece un trámite más dentro del gasto común. Pero basta un evento inesperado para recordar que puede marcar la diferencia entre una comunidad que logra recuperarse en semanas y otra que queda en el limbo durante meses.
En Chile, la ley obliga a los condominios habitacionales a contar con un seguro colectivo contra incendio para sus bienes comunes. El problema está en lo que no viene incluido automáticamente: el sismo y los daños por agua o inundación requieren coberturas adicionales. Una comunidad puede creer que está protegida frente a cualquier evento natural y descubrir las exclusiones recién cuando ocurre el siniestro.
Algo similar sucede con las unidades individuales, cuyas pólizas muchas veces permanecen años sin ser revisadas. Por eso es importante entender qué cubre efectivamente cada seguro y cuáles son sus exclusiones, tanto a nivel comunitario como individual.
Ni los terremotos ni las lluvias pueden predecirse con exactitud. Lo que sí podemos anticipar es que, tarde o temprano, algún evento pondrá a prueba la infraestructura donde vivimos. La prevención no consiste en adivinar cuándo ocurrirá la emergencia, sino en llegar preparados a ella.
Porque proteger lo común no es simplemente cumplir con una obligación: es una forma concreta de reducir la incertidumbre y cuidar a quienes comparten un mismo edificio antes de que la próxima emergencia decida por nosotros.