
El Indicador Sintético de la Juventud concluye que la vivienda es el ámbito que registra el mayor deterioro respecto de 1995. La escasez de oferta, el alza sostenida de los precios y el mayor esfuerzo económico para comprar o arrendar, han retrasado la emancipación y profundizado las dificultades de acceso habitacional.
Por Tomás Rodríguez Botto
En España el acceso a la vivienda se ha convertido en el principal factor de deterioro en la calidad de vida de la población joven. Así lo revela el nuevo Indicador Sintético de la Juventud (ISJ), elaborado por la Fundación PwC y el Círculo de Empresarios, que identifica a la vivienda como la dimensión con peor desempeño entre los cuatro ámbitos evaluados —demografía, mercado laboral, educación y vivienda— al comparar la situación de los jóvenes de 2024 con la de quienes tenían la misma edad en 1995.
El indicador asigna a la dimensión vivienda una puntuación de 78 puntos, muy por encima del resto de las categorías analizadas, reflejando un deterioro histórico en las condiciones de acceso habitacional. De acuerdo con el estudio, la evolución muestra un empeoramiento sostenido desde la crisis inmobiliaria de 2008, tendencia que se ha intensificado en los últimos años hasta alcanzar el peor registro de toda la serie.
Entre los factores que explican este resultado destaca la insuficiente oferta de viviendas, fenómeno que combinado con un crecimiento de la demanda, ha presionado al alza tanto los precios de venta como los valores de arriendo. El informe identifica la disminución de las viviendas terminadas y el deterioro de la relación entre población y parque habitacional como las variables que más contribuyen al empeoramiento del indicador.
El encarecimiento del mercado residencial también ha incrementado el esfuerzo financiero necesario para acceder a una vivienda. Según el estudio, los menores de 35 años necesitan en promedio 9,1 años de ingresos para adquirir una vivienda, cifra superior a la observada en los grupos de mayor edad. A ello se suma el aumento sostenido de los precios de compra y arriendo, que ya se sitúan en niveles comparables a los registrados durante la burbuja inmobiliaria.
Las dificultades para acceder a una vivienda han tenido un impacto directo en la emancipación juvenil. En 2022, la edad promedio para independizarse alcanzó los 30,3 años, mientras que el promedio de la Unión Europea fue de 26,4 años. Paralelamente, el mercado del alquiler pasó a ser la principal alternativa habitacional para este segmento, concentrando el 57% de los hogares jóvenes en 2024, desplazando a la propiedad como forma predominante de tenencia.
El informe concluye que la vivienda constituye hoy el principal desafío para mejorar la situación de la juventud española. Aunque la educación muestra avances y el mercado laboral ha registrado una recuperación parcial tras la crisis financiera, la persistente escasez de oferta residencial y el aumento del costo de acceder a una vivienda continúan ampliando la brecha generacional y dificultando la emancipación de las nuevas generaciones.