
Por: Cornelio Saavedra U. y Nicolás González V. , Co-founders de Lidz.ai. Especialidad: Ventas Inmobiliarias / Nuevas Tendencias / Proptech / Mercado Inmobiliario.
Carla tiene 27 años. No sabe cuántas veces ha simulado un crédito con la esperanza de que se lo aprueben, pero sí sabe que siempre termina igual: con un número final que la deja fuera. Entre mirar portales, visitar pilotos e imaginar su vida en esa propiedad que anhela, aprendió a no ilusionarse demasiado. Hasta que escuchó hablar del subsidio a la tasa anunciado por el ministro Marcel. Y volvió a preguntar.
Historias como la de Carla se repiten constantemente. Personas que están a milímetros de calificar, pero no logran cruzar la línea. En esos casos, no es que falte voluntad, es que sobran puntos base. Y lo curioso es que mover un par de ellos puede cambiarlo todo.
Por esto, analizamos una muestra de 10.300 prospectos de todo Chile que buscaban propiedades bajo las 4.000 UF, y luego, extendimos el ejercicio a 6.000 UF. La pregunta fue simple: ¿qué pasa si la tasa baja 60 o 100 puntos base? Los resultados son bastantes llamativos.
De hecho, arrojaron que con 60 pb, 14,74% más de personas calificarían; con 100 pb, el salto es de 25,37%, y particularmente en el rango de 20 a 30 años, asciende a 36,44%; así como el impacto es 25% mayor en mujeres, dato no menor si hablamos de acceso y equidad. En propiedades de 4.000 a 6.000 UF, el efecto es aún más fuerte: 37,93% más posibilidades de compra.
Traducido: hasta 1 de cada 4 personas que hoy no puede, sí podría. Es justamente ese el punto crucial: un subsidio así no solo amplía el mercado, también lo tensiona. Más gente calificando significa más competencia, más preguntas que responder y menos margen para procesos lentos o impersonales.
Entonces, seamos honestos: Carla no va a preguntar por la cerámica ni por la orientación del living. Va a preguntar si puede juntar ingresos con su pareja, cuánto se reduce se dividendo o si alcanza a postular, y si la respuesta no llega a tiempo, la oportunidad se evapora.
El subsidio a la tasa no es una varita mágica que asegura ventas. Es un cambio en las reglas del juego que exige adaptarnos: anticipar conversaciones, ajustar ofertas y dejar de mirar solo el Excel para empezar a mirar más a la persona. Porque cuando el margen es tan pequeño, no se trata solo de dar la llave, se trata de asegurarse de que la puerta esté abierta.