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25 septiembre, 2026 /

Derecho a juzgar, deber de habitar: ¿Qué ciudad estamos construyendo para sostenernos?

Por: Claudia Petit, constructora civil, integrante del consejo asesor de desarrollo social GORE y fundadora MUCC (Mujeres en Construcción).

Últimamente, en encuentros de profesionales escucho lo mismo: que los jóvenes no tienen compromiso, que no tienen ambición y que no quieren formar familia.

Es un derecho que se atribuyen muchos para opinar livianamente. Incluso para explicar el dolor más profundo, como el suicidio juvenil, desde la falta de propósito. Los datos dicen otra cosa. Y en septiembre, mes de la prevención, vale la pena ponerlos sobre la mesa.

En Chile mueren más de 1.900 personas al año por suicidio. Y no, no es principalmente un fenómeno juvenil. Más del 53% tiene más de 40 años y afecta 4 veces más a hombres que a mujeres. Hablar de esto sin sustento, desde el prejuicio, es grave e irresponsable.

Quizás es más fácil juzgar a los jóvenes que preguntarnos qué sociedad estamos construyendo para ellos y para quiénes ya se jubilaron, porque si hablamos de propósito, hablemos también, sobre oportunidades reales para tenerlo.

Para un joven hoy, partir es casi imposible. Según el INE, el desempleo en jóvenes de 15 a 24 años llegó a 24,9% en el trimestre febrero-abril de 2026, casi triplicando el promedio nacional de 9,1%. En mujeres jóvenes, escala a 29,6%. Sin trabajo, no hay arriendo. Sin arriendo, no hay emancipación.

Según la Encuesta Nacional de Juventud, el 71% de los menores de 30 años vive con sus familias y la edad promedio para irse de casa subió a los 27 años. Hoy, solo el 35% de los jóvenes chilenos de 18 a 24 años cree que podrá pagar una casa propia en el futuro, frente al 56% del promedio mundial. Un 44% ya cree directamente que no podrá.

Como resumen, un estudio reciente asegura que solo el 20% más rico puede acceder con recursos propios, lo que deja a cuatro de cada cinco jóvenes efectivamente excluidos del mercado de la propiedad. Pasamos de ser un país de propietarios a un país de allegados. Con un déficit de 552 mil hogares.

Para un adulto mayor, permanecer también es difícil. Cuestionamos poco qué pasa después de la jubilación. La carrera por la productividad deja víctimas en el camino y la soledad en la tercera edad no es fácil de soportar, menos en ciudades que no fueron pensadas para ellos: sin accesibilidad, sin vivienda tutelada, sin espacios de encuentro y sin trabajo flexible que les permita seguir aportando su conocimiento.

Tenemos una juventud con gran respeto por el medioambiente, por los animales, inclusiva, consciente de sus límites emocionales. Y tenemos adultos mayores con una experiencia invaluable que el mercado laboral desecha a los 60.

¿Qué estamos haciendo con eso como industria? Quizás las decisiones que tomamos por productividad, como la jornada escolar completa, liberaron tiempo para trabajar, pero no pensamos en cómo armonizar familia, ciudad y trabajo. Quizás el trabajo híbrido es una pista. Quizás los horarios flexibles para mayores también lo son.

Desde la construcción y el sector inmobiliario tenemos una responsabilidad que va más allá del metro cuadrado. Necesitamos pensar en vivienda asequible para jóvenes que no sea solo el DS1, en modelos de arriendo con apoyo, en co-vivienda intergeneracional, en edificios con espacios comunes reales donde un joven de 25 y una persona de 75 puedan coincidir.

Conformar equipos y comunidades intergeneracionales no es caridad, es eficiencia y es humanidad. Da excelentes resultados para la empresa y para la ciudad.

Estamos tarde para esas 1.900 personas que cada año no encuentran otra salida, con un daño irreparable para sus familias., pero tratemos que su dolor no sea en vano.

En vez de juzgarnos, mejor nos conectamos. En vez de solo edificar, creemos lógicas para habitar. Construir a escala humana, con espacio y reconocimiento para todos los ciclos de la vida. Ese es el verdadero derecho que deberíamos ejercer.

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