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4 febrero, 2026 /

Coyhaique frente a un nuevo ciclo de desarrollo inmobiliario

Por: Mario Anfruns Bustos, Arquitecto.

Durante años, Coyhaique fue vista como una ciudad con un crecimiento contenido, casi cauteloso, marcado por su escala humana, su entorno natural y una dinámica comercial más bien local. Sin embargo, ese escenario está cambiando. La llegada y el interés concreto de actores de la magnitud de Falabella, Cenco Malls y Mall Vivo no es una casualidad, sino una señal clara de que la ciudad ha entrado en una nueva etapa de desarrollo.

Cuando grandes operadores del retail y del desarrollo comercial ponen sus ojos en una ciudad intermedia, lo hacen respaldados por estudios de demanda, proyecciones de crecimiento, consumo per cápita y consolidación urbana. Coyhaique hoy cumple esas condiciones: una población estable, un rol de capital regional indiscutido, mayor conectividad, crecimiento del turismo y un hinterland productivo que depende directamente de la ciudad.

Este nuevo escenario abre oportunidades relevantes para el mercado inmobiliario. La instalación de centros comerciales de mayor escala no solo genera empleo y dinamiza el comercio, sino que actúa como un ancla urbana que reordena flujos, valoriza sectores específicos y acelera procesos de densificación y uso mixto. En torno a estos polos comienzan a aparecer nuevas necesidades: oficinas, servicios profesionales, gastronomía, vivienda en arriendo, bodegaje urbano y formatos como strip centers o plazas comerciales de cercanía.

En este contexto, las plazas comerciales bien ubicadas, con buen estándar arquitectónico y una correcta lectura del entorno, se transforman en una alternativa especialmente atractiva. No compiten directamente con los grandes malls, sino que los complementan, capturando demanda local, servicios cotidianos y comercio de especialidad. Para inversionistas y desarrolladores, esto abre un abanico de proyectos de menor escala, más flexibles y con retornos interesantes, especialmente en zonas de transición urbana o ejes consolidados.

El desafío y la responsabilidad está en cómo se gestiona este crecimiento. Coyhaique no puede ni debe perder su identidad. El desarrollo inmobiliario que viene debe dialogar con el paisaje, con la normativa urbana y con una planificación de largo plazo que entienda que el valor de la ciudad está precisamente en su equilibrio entre naturaleza, calidad de vida y actividad económica.

La llegada de grandes actores marca un antes y un después. Coyhaique deja de ser solo una ciudad de servicios regionales para posicionarse como un nuevo polo de inversión inmobiliaria en la Patagonia, con oportunidades reales para quienes sepan anticiparse, por lo que leer el territorio y desarrollar proyectos coherentes con el futuro, que ya comenzó.

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